martes, 18 de enero de 2011

Texto realista

En el mar la vida es más sabrosa. Por lo menos eso es lo que Andrés había oído decir toda la vida. Por eso, a sus treinta y ocho años de edad, le avergonzaba no conocerlo aún. Había soñado con el viaje por años, pero nunca lo había podido realizar, o tal vez nunca se había atrevido. Su pasatiempo favorito era acostarse en su terraza contemplando al cielo en los días nublados, y cuando las nubes finalmente soltaban su carga, terminaba empapado imaginando que era el agua del mar la que lo bañaba. Ese era el mayor goce de su vida. El resto del tiempo se le iba en un trabajo rutinario, aunque bien pagado. Cuando no estaba nublado o no estaba trabajando lo único que lo complacía era cocinar. Probaba nuevos platos cada día, los únicos canales de la televisión que veía eran los de cocina gourmet, lo que limitaba la variedad, pero lo demás no le interesaba, de hecho le parecía una porquería. Si no fuera por su pasión por la cocina, el televisor fuera totalmente inservible en su apartamento. El orden que reinaba en el lugar era increíble, todo pulcro y ordenado, nada fuera de lugar. El simple hecho de una trenza de su zapato desatada lo desestabilizaba, lo desconcentraba hasta el punto de haber hecho imposible su interrelación con el resto de los mortales tan sucios y desaliñados.

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